El Fútbol Según Martínez Estrada.


EL FUTBOL SEGÚN MARTÍNEZ ESTRADA.

En la “CABEZA de GOLIATH” (Ensayo, 1940).

“El pueblo de la metrópoli tiene sus pasiones hondas e irrefrenables. Una de ellas, la más típica y vehemente, toma el aspecto externo del futbol. Los estadios… se convierten los días feriados en templos a los que concurren los feligreses de un culto muy complejo y muy antiguo… asistir con desbordante apasionamiento a un partido de futbol, que el espectador profano jamás podrá entender que significa. Es un acto que acumula el violento deseo de lucha, el instinto de la guerra, la admiración a la destreza, el ansia de gritar y vituperar. No es un juego, por supuesto, sino un espectáculo semejante a la ceremonia religiosa conque los pueblos antiguos calmaban la necesidad de arrojar de sí a los espíritus de la ciudad sometidos por la disciplina…”

“Desde horas antes de iniciarse el partido afluyen a las tribunas toda clase de gentes desde todos los barrios de la ciudad. Trenes atestados, tranvías, ómnibus y coches… transportan una población que el resto de la semana se somete a tareas sedentarias. La pista de un atenuado verde gramilla, se destaca en el redondel de las gradas,… Es la misma plaza de toros, la misma disposición romana de circo, y es la misma muchedumbre que espera ansiosa, el misterio de su brutal purificación… Cuando aparecen en la pista los jugadores, un torrente de voces rueda por las gradas y se eleva al firmamento vacío… “Los jugadores vibrantes en la misma onda caliente del publico… juegan como si defendieran su vida de las fieras. Es la pelota como el león o el toro un objeto que asume un significado simbólico.

En la pasión que hierve en los estadios de futbol están en la combustión todas las fuerzas íntimas de la personalidad: religión, nacionalidad, sangre, enconos, política, represalias, odios, todos en los límites del delirio…

Los políticos hacen presa, como las fieras al acecho, de esas muchedumbres. Se entregan aparentemente a ellas; concurren a sus estadios para exhibirse y, si están en el poder descienden a veces a la pista para iniciar el juego. La muchedumbre los aclama. El político sabe que aplauso y silbido significan una demostración pasional, que tarde o temprano va a servirles.”

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